Su lamentable estado de delgadez y su mirada triste, tan vacìa de todo, daban a entender que su corta vida, no habìa sido nada fàcil.
Ahora, en el calor de un hogar, con el cariño que nunca ha tenido, su aspecto y su mirada son otras, aun asì, a veces, se refleja ese miedo en sus ojos, esa desconfianza que te da la calle, el no saber que pasarà en cada momento, las patadas, las miradas indiferentes, la crueldad del asfalto.
Nunca se relaja, a veces, la sorprendes medio dormida, atenta a todos los ruidos, atenta a todo lo que pasa, como si no recordara que ya no tiene de que preocuparse, que ahora puede vivir tranquila, en su sueño, sin que nada ni nadie pueda hacerle daño.
Y es que sus traumas, a veces, no son màs que ese estigma incrustado en lo màs profundo de su pequeña y peluda cabecita, algo que por desgracia, vivirà con ella el resto de sus dìas.
Todo ello no ha hecho disminuir su alegrìa, ni las ganas de vivir que contagia a todo el que la rodea, su cariño y fidelidad, el acompañarme hasta el fin del mundo si hiciera falta.
Y es que se ha convertido en mi gran compañera en el viaje de la vida.
Que tu existencia dure por mucho tiempo amiga.