19 julio 2010

LLora el cielo

Llora el cielo làgrimas de sangre, el miedo, de aquel àrbol sabio y legendario de no volver a ver el horizonte un dìa màs, baña al bosque de una tristeza invisible, casi etèrea, fugaz y perecedera.

Los ríos se tornan negros y en sus aguas, de escaso caudal, solo arrastran muerte. La desolaciòn se respira en el espeso aire, casi irrespirable y maloliente a metal y animales muertos, putrefactos, que se extienden a lo largo de lo que antes eran verdes prados, frondosos bosques e inmensos mares.

De pronto, en aquel insufrible silencio, se escucha un llanto desgarrado, un llanto de impotencia, de pèrdida, de dolor interior...

Tirada, con las rodillas clavadas en la hierba, una mano acariciando suavemente su robusta y a la vez fràgil corteza, la cabeza cabizbaja, mientras gota a gota va mojando la tierra seca al pie del àrbol, alza la mirada, brillante y a la vez vacìa hacia las copas, y en ese momento fluye ese lenguaje que no se estudia, el que no se habla ni se escribe, el que nadie entiende ni comprende, el que se siente, EL ANCESTRAL LENGUAJE DEL SILENCIO.

Y allì, atada a la ya efímera vida, al menos y por momentos, dejò de sentirse humana. 

Pero hoy de nuevo...

Llora el cielo làgrimas de sangre, y el miedo, de aquel àrbol sabio y legendario de no volver a ver el horizonte un dìa màs, baña al bosque de una tristeza invisible, casi etèrea, fugaz y perecedera.



11 julio 2010

Llamas

La tarde se viste de un color rojo anaranjado, de la càlida brisa de verano, del sol màs ardiente, de la soledad màs inmensa.
Se viste de olvido, de recuerdos muertos, de sonrisas invisibles, de flores marchitas, de silencios incòmodos, de pensamientos vacìos. 

 Y mientras muere el sol, el viento trae el sonido de un violìn, mùsica infernal llega a mis oìdos mezclada con un intenso olor a cadàver y una inmensa sensaciòn de locura. 

 Vuelvo a imaginar que la tortura es una forma de vida, que la sangre resbala por cada una de las heridas abiertas mientras...

La tarde se viste de un color rojo anaranjado, de la càlida brisa de verano, del sol màs ardiente, y la ira màs inmensa.




04 julio 2010

Hacha de guerra

Recuerdo, el sabor amargo de la angustia bajar desgarrando mi garganta, el no poder tragar una enorme bola de decepciones...

 Las espinas clavarse impasibles en mi carne.

Recuerdo abrasarme en llamas de desesperanza, de locura, de incertidumbre... 

 Recuerdo el sonido del llanto, los gemidos obscenos, la debilidad de bajar la cabeza por miedo a encontrarme con las mismas miradas, morderme la lengua hasta sangrar para no escupir mierdas de todos.

Recuerdo imágenes, sonrisas rotas, abrazos llenos de total y absoluta incomprensiòn, y un castillo desmoronarse con la lluvia como si fuera de barro. 

 Y detràs de todo esto, solo un montòn de basura acumulada. 

 Hubo otro tiempo, o varios, en los que no me costaba nada no perder la cordura, amarrar mis demonios, hubo otro tiempo, y ese tiempo acabò, se fuè, no volverà. 

 Enterrar el hacha de guerra siempre fuè mi mayor error, ahora lo se... Ahora lo se...



 

02 julio 2010

Frío invierno

No vendería mi alma al diablo, la regalaría, daría mi vida, mi existencia, mis buenos momentos, mi locura, mi carne, uno a uno cada uno de mis huesos, mi sangre, mi desprecio, mi rencor, mi orgullo, mi ansiedad, mi angustia, mi dolor, todas las personas que han marcado a fuego sus frustraciones en mi piel.

Doy cada una de mis heridas, cada una de mis noches eternas, cada segundo del tiempo que perdì malviviendo en vidas ajenas que creì mìas. 

 Lo daría todo y me conformaría con ser un alma errante, un barco a la deriva, una corriente de aire que torna y retorna caprichosa por entre los huecos de este ser, cansado ya de cuentos empapados de mentiras que me hacen dormir bien, hasta que despierto, y entonces todo vuelve a empezar, las mismas excusas, los mismos actos, la misma mierda maquillada con cuatro palabras bonitas que no son màs que una asquerosa forma de esconderse tras el viejo y polvoriento disfraz del egoísmo. 

 Regalaría mi mundo interior, el mundo en el que me escondo cuando no quiero recordar mi pasado, o mirar el futuro, o arrastrar con mi presente. 

 No quiero nada ya, me sobra todo, me sobràis absolutamente TODOS. 

 Es hora de volver al frío invierno.