No habrán despedidas ni reencuentros, ni soledades que me esperen en cada esquina oscura de mi ser atormentado.
Pues no habrá tormento, ni desesperanza, ni tristeza abordando cada uno de mis vacíos asolados por el paso del tiempo y la vida, esta vida, que nunca pasa, que nunca para, que nunca huye.
Y ya no habrán sonrisas, las que no encuentro, las que no entiendo , las que no comparto y tampoco recibo, pues no habrá piedad para el que solo merece muerte, olvido e indiferencia.
Hoy y aquí, ya no habrá miedo, ese miedo que amordaza, ese miedo que aprisiona, que congela, que debilita. Hoy y aquí, solo quedarán los pasos en el camino de la incosciencia, los pasos cuando nadie los sigue, cuando nadie me mira, cuando nadie me espera.
No habrá lluvia en mis ojos ni heridas en mis manos, que soñar no es suficiente cuando todo se ha perdido, cuando todo se ha hundido.
Y solo quedan rencores, si mire donde mire solo veo miseria, miseria del que no entiende, ni comprende, que la vida es más que saber ganarla, es más que saber sentirla, es más que lo que alcanza la vista de la mayoría de los que no ven, de los que no quieren ver, de los que no saben ver.
Y ya no habrán arrepentimientos, pues mi fuerza no depende de nadie , no depende del cielo ni de la tierra, no depende del sol, ese que ya no alumbra ni calienta lo que ya está frío y amenaza con marchitarse.
Y es que ya no habrán mas palabras desbocadas al viento, ya no habrán más palabras.
