Camino, y a cada paso, disfruto de la suave brisa de verano rozándome la cara, una farola que parpadea en la fachada de una antigua casa, ventanas entreabiertas, y el silencio.
Un silencio que lo invade todo.
Y entonces, mi imaginación vuela, las calles se transforman, se retuercen, las luces se vuelven rojas, como llamas de fuego.
Las casas se doblan y gritan como queriendo engullirme dentro...
Sigo caminando hasta un parque solitario, y tirada boca arriba en un banco, observo la copa del árbol que tengo justo encima.
Sus ramas se extienden como intentando abrazarme.
Totalmente relajada, en éxtasis, veo mecer las hojas y siento como el sonido se adentra en mi cerebro como droga en las venas.
Mis ojos se acaban cerrando, mente en blanco, y por momentos acabo desapareciendo...
Me vienes a la cabeza, sin pensarlo, sin quererlo, me viene tu recuerdo.
Tu tacto, tu olor, tus manos...
Y justo en este instante recuerdo, que en este mismo banco y bajo este mismo árbol solías compartir mis silencios.
... Y cuanto màs lo pienso... màs anhelo llorar.
Abro los ojos y todo está en calma.
Como si nada hubiera pasado.
Como si todo hubiera sido un sueño.
