23 febrero 2010

Frío en los huesos

El frío, ya no calaba sus huesos, aquello con lo que siempre había vivido, aquello aun sin nombre la había abandonado  y aun asì, no pudo màs que dar gracias por haberle dado alas nuevas. 

 Aquellos días pasaron, y olvidó el por qué. 

Y es que ahora puede volar libre, disfrutando del paisaje, sin miedo a caer, sin miedo a nada... sin miedo... 

 Hoy, ha vuelto a encontrarle sentido a esta  vida llena de espinas, empeñada en hacerla fuerte a toda costa.

 Llueve como ayer, y como lo harà mañana, pero mientras mira las gotas resbalar por el cristal solo siente que en su interior vuelve a salir un dèbil sol invernal que va haciéndose cada vez màs càlido al paso del tiempo. 

 Se acabò, todo ha pasado ya, la necesidad se había esfumado, ahora lo entendía todo, para sobrevivir tienes que ser egoísta. 

 Y es por eso que el frío, ya no calaba sus huesos.