Hay dìas en los que estàs muy presente, dìas en los que creo verte por todas partes.
Ha pasado tiempo y parece que fúe ayer cuando bromeabas conmigo, cuando me sentaba en tus rodillas y me enseñabas el mundo en un atlas, a leer y a escribir, cuando jugàbamos o cuando ìbamos juntos a todas partes a pie, o en moto, daba igual, yo nunca tuve miedo contigo.
Aprendì de tus grandes valores, de tu enorme sabidurìa, de tu fabulosa inteligencia y sobre todo que ante cualquier circunstancia, siempre, siempre hay que reírse del mundo, de los problemas y de hasta uno mismo .
Y luego te fuiste, te fuiste y me quedè fria, vacìa. Completamente desolada.
En ese instante, mi pequeño mundo de niña pequeña se hizo aun màs pequeño, tan pequeño que me asfixiaba.
Sabia que los dìas de despuès, los dìas sin tì, dejarían de ser buenos. Y asì fuè, desde entonces, nunca fuì la misma.
Te fuiste cuando màs te necesitaba, y aunque al principio te culpara de haberme dejado, luego no pude más que agradecer a la vida el haberte conocido.
Fuè un càmino duro y aun así siempre fuiste fuerte , hasta tu último aliento, abuelo.
Me costò un mundo superarte pero acabe comprendiendo que si hubieras podido hablarme no lo habrías querido de otra forma.
La verdad es que, no tengo palabras para describirte, no las tengo y me gustarìa poder encontrarlas para contarle al mundo como era mi abuelo, aquella persona alegre y bromista que era querido por todo el mundo, con el que se podìa hablar de cualquier cosa porque todo lo entendías. Un avanzado a tu tiempo.
Nunca te lo dije pero.... me siento muy orgullosa de que hayas sido mi gran ejemplo.
Quizàs no este haciendo las cosas bien, como tu querrìas y lo siento, a veces no encuentro la serenidad en esta cabeza mìa.
Querido abuelo, sigo siendo fuerte o al menos lo intento, y al igual que tu, no creo en el cielo ni tampoco en el infierno pero estès donde estès...
Solo sueño con volver a abrazarte algùn dìa.
