Los labios que lanzan al aire palabras inciertas, cansadas del tiempo que pasan sin ser escuchadas, cansadas de conversaciones con una soledad, que no es màs que esa gran aliada que habita en mis adentros, cuando el dolor, ese inexplicable dolor que se aferra a mis huesos desgarra cada parte de mi conciencia, si es que aun existe.
Porque perder, a veces no es màs que ganar la partida a la vida, buscar sin descanso horizontes nuevos, o la felicidad en pequeños y absurdos instantes, saber valorar lo que se tiene por muy poco que sea, sonreìr aunque sea hacia dentro, hacia lo màs profundo, porque solo el viento sabe de tempestades, solo el viento sabe.
Caer y caer y caer... cuando nada vale nada y aun asì levantarme y abrir la ventana, dejar que la luz del sol ilumine mis rincones asolados, dejar entrar esperanza donde solo queda olvido... Y todo es tan efìmero que tiemblo, y mi alma ya no entiende de ilusiones, y mi cuerpo ya no entiende de caricias, y la oscuridad se cierne a mi locura sedienta de afecto, sedienta de muerte.
Y es que no puedo odiar al mundo por no haber hecho lo correcto, no puedo odiarme por haber tropezado una y otra vez con la misma piedra, no puedo odiar al pasado por haberme enseñado a golpes ni al destino por ser algo incierto... No puedo odiarte aunque a veces lo harìa, sin perjuicios, sin pensarlo, sin odiar antes una parte de mi, esa parte que un dìa dejò las puertas abiertas. La bondad, a veces es tan absurda que vomitarìa hasta morir recordando.
Pero hoy, abro los ojos a otro dìa màs y miràndome al espejo sonrìo, aunque absolutamente nada pueda reflejar mi sonrisa.
