No es el silencio de aquellas palabras que nunca llegué a pronunciar.
No son los latidos, ni el tiempo que pasé haciéndome preguntas estúpidas sobre como funciona el mundo a mi alrededor.
No fueron los momentos duros que me enseñaron como afrontar la vida, ni tampoco aquellas personas despreciables con las que me iba cruzando y de las que con el tiempo, aprendí a alejarme.
No es la ausencia de las cosas que dejè atràs, ni mi lucha interna por intentar esconder mi indiferencia y desinterés hacia todo lo llamado "humano".
En realidad, no fué más que el deseo de limpiarlo todo a mi alrededor, de limpiarme a mi también por dentro.
Como si durante mucho, mucho tiempo, hubiera estado entre la más absoluta y funesta podredumbre.
Y asì era.
