16 septiembre 2009

Batalla

Por fìn, la batalla habìa terminado.

En el horizonte, un campo lleno  de sangre, cadáveres y  cuerpos mutilados, algunos ya, en su ùltimo suspiro de vida.

 Diò dos pasos màs y casi agonizando, hundiò su espada en la húmeda tierra, antes de desplomarse ante un cielo gris que amenaza con descargar mares  y bañarlo todo.

Un cielo que amenazaba con borrar toda huella de recuerdo de aquellos oscuros días... 

Y entonces  comenzó a llover...

 Cristalinas gotas  mojaban su cara y limpiaban sus heridas que aun sangraban...

 Nunca había llorado, y no sabia bien el porque ahora, las ganas  la desbordaban. 

En un intento por mantenerse fuerte y entera, dejó que las gotas de lluvia  que resbalaban por su cara se mezclaran con las lágrimas sabiendo que asì, los Dioses nunca se darían cuenta.

No era dolor, tampoco pèrdida, ni siquiera era tristeza... 

El cansancio  la tenía inmovilizada, y el aire, llegaba con mucha dificultad a sus pulmones. 

De pronto, un leve sonido la alertò, sacò fuerzas para levantar la cabeza no màs de un palmo del empapado suelo, su vista, ahora borrosa alcanzó a ver,  una silueta que salia de entre la lluvia y lentamente  se  acercaba a ella.

Intentó alcanzar la espada, y cuando casi la rozaba con la punta de los dedos... perdió el conocimiento.

...

Cuando despertò, se encontraba recostada bajo un gran sauce milenario y arropada con ropas que no eran las suyas, mirò a su alrededor rápidamente buscando su espada, hasta que escuchó una voz a su espalda...

.- ¿Buscabas esto? -.Dijo mirándola fijamente.

Volviéndose lentamente hacia lo desconocido, observó como un guerrero de pelo largo, rostro serio y ojos brillantes sujetaba su espada...

.- Deberías confiar màs en la persona que te ha salvado la vida. -.Siguió mientras lanzaba la espada a brazos de la dueña.

.- No vengas ahora de héroe conmigo. -.Le contestò ella con el ceño fruncido.

Èl sonriò.

.-Y bueno, ¿a ti que te ha pasado?, estàs herido... -.Preguntò mientras se incorporaba para sentarse al borde del acantilado...

.- Nada... no te preocupes. -.Contestò èl, mientras volvía a esbozar una sonrisa, esta vez tranquilizadora.

.- ¿ Y quien ha dicho que estè preocupada? -.Contestò mientras volvía a fruncir el ceño.

Ambos rieron. Luego se quedaron callados un rato viendo correr el agua.

.- Bueno... -.Dijo ella rompiendo el silencio que empezaba a ser incomodo. .- Yo ya no tengo donde ir, ni casi nada por lo que luchar... así que... podría acompañarte, al fin y al cabo te debo una.

.- Sabia que no eras tan cruel -.Dijo èl bromeando.

.-No te fíes... -.Le dijo ella con una sonrisa malèvola.

Y sin decir màs, se sentò al lado de ella y se quedaron allì, en silencio, observando como el sol volvía a salir tras las oscuras nubes.