Fuimos solo un cúmulo de casualidades, el acorde desentonado en una melodía inventada, todas las historias inacabadas contadas sin ser escuchadas, la poesía oscura en el libro más olvidado, todas las canciones tristes guardadas en lo más profundo de la memoria.
Y acabé siendo de nadie, la muñeca rota y ultrajada usada al antojo de quien no supo cuidar lo que tuvo.
Al fin y al cabo, acabamos siendo todas las malditas incertidumbres posibles, una montaña interminable de dudas, el cariño según la mente de un psicópata, los errores amontonados en la fragilidad de tus absurdos complejos. De tu absurdo e incomprensible abismo al cual nunca pude asomarme.
Somos el odio contenido, el detestar más profundo, la desidia completa y absoluta maquillada de aparente normalidad, el cansancio de aquel que lucha solo porque no ve otra salida, el último aliento de un náufrago que se aferra a su balsa destrozada solo porque es lo único que le mantiene a salvo. Solo por ahora, solo por momentos.
Y con el paso del tiempo y casi sin darnos cuenta, dejamos de ser. Y es que te empeñaste tanto en ser olvido... que acabamos olvidándonos.
Fuimos solo un cúmulo de casualidades, solo señales que debí ignorar.
