Doy cada una de mis heridas, cada una de mis noches eternas, cada segundo del tiempo que perdì malviviendo en vidas ajenas que creì mìas.
Lo daría todo y me conformaría con ser un alma errante, un barco a la deriva, una corriente de aire que torna y retorna caprichosa por entre los huecos de este ser, cansado ya de cuentos empapados de mentiras que me hacen dormir bien, hasta que despierto, y entonces todo vuelve a empezar, las mismas excusas, los mismos actos, la misma mierda maquillada con cuatro palabras bonitas que no son màs que una asquerosa forma de esconderse tras el viejo y polvoriento disfraz del egoísmo.
Regalaría mi mundo interior, el mundo en el que me escondo cuando no quiero recordar mi pasado, o mirar el futuro, o arrastrar con mi presente.
No quiero nada ya, me sobra todo, me sobràis absolutamente TODOS.
Es hora de volver al frío invierno.
