Hace tiempo que no respiro aire, que no siento las caricias, hace tiempo que no me encuentro, que no te siento, hace tiempo que dejò de llover dentro de mi cama y aunque no lo creas ya no soy la misma, aquella que te regalaba el mundo sin pedir nada a cambio, ni siquiera un beso...
Siento que esta vez he llegado lejos, y que mi corazòn y mi cerebro envejecen, pero màs allà de arrugarse y debilitarse se vuelven fuertes, se vuelven sabios, se vuelven duros, como si se hubieran congelado mientras la sangre y la vida hierven en el interior esperando el mejor momento de descongelarse y derramarse ante mi indiferencia.
Mi cuerpo muerto vaga, libre e independiente, y en mi interior, brasas incandescentes vuelven a despertarme del largo letargo de mis dìas, y de mis noches. Mi inconsciencia grita como un guerrero despuès de ganar una dura batalla y mis ocèanos, secos y agrietados, vuelven a llenarse de abundante agua nìtida y transparente.
Me alejo de lo imposible, de lo irreal, de lo que no llena cada uno de los huecos de mi ser, hoy, me bebo los problemas en el tè de la tarde, los bebo despacio, saboreando y disfrutando en cada sorbo del sabor amargo de sus hierbas, de la textura y del agradable calor que me producen ahora mis victorias.
Hoy brindo por todos aquellos que no estuvieron a la altura de las circunstancias, por todos aquellos que a pesar de mis voces nunca me escucharon (o no quisieron escucharme), por todos los que pasaron de largo cuando yo no lo hice. Hoy brindo por cada una de las personas que a fuego, han grabado en mi para siempre, las palabras DESCONFIANZA e INDIFERENCIA y es que...
A veces nunca hay demasiado frìo, nunca se es demasiado fuerte, nunca demasiado cruel.